El último capítulo de la temporada 16 de ‘La que se avecina’ ya está disponible
El punto de partida es tan absurdo como efectivo: Antonio Recio empieza a notar que el día “se repite”, que ciertas conversaciones vuelven a ocurrir de la misma manera y que el edificio entero parece condenado a recrear las mismas situaciones una y otra vez.
Ese bucle se activa en el corazón de Contubernio 49: la junta de vecinos, donde el edificio discute un nuevo problema surrealista, las catacumbas del inmueble. Lo que podría ser un “tema de comunidad” se convierte en una excusa perfecta para que Recio monte otra de sus cruzadas, con candidaturas, reproches y un ambiente de campaña que desborda lo razonable.
Entre insultos cruzados, amenazas ridículas y promesas disparatadas, el mayorista se convence de que no solo puede mandar… también puede “reinventar” el orden del edificio a su gusto.
A partir de ahí, el episodio usa el bucle como motor cómico: Recio cree que sabe lo que va a pasar antes de que ocurra y empieza a “jugar” con las escenas del día como si fueran un guion que puede manipular. Y claro, esa sensación de control le dura poco. La repetición no lo convierte en mejor persona, sino en alguien todavía más impulsivo, capaz de llevar sus ideas a extremos cada vez más peligrosos.

En paralelo, el bloque intenta controlar el experimento: si el pescadero repite el día, la solución, según ellos, es forzarlo a reaccionar distinto… y para eso organizan un plan colectivo que roza lo clandestino.
Mientras la comunidad intenta “domarlo”, el episodio abre otras tramas que alimentan el caos. Una de las más potentes es la que tiene que ver con el “pianista en órbita”, porque aparece un viaje espacial (sí, tal cual) que se mezcla con discusiones domésticas y delirios conspiranoicos. La situación escala con entrenamientos, miedos, despedidas dramáticas y un objetivo que suena a chiste… pero que el personaje se toma muy en serio: demostrar una teoría imposible “desde arriba”, cueste lo que cueste.
Por si no fuera suficiente, la historia también se enreda con un documental que necesita dinero, decisiones empresariales improvisadas y un plan de financiación tan chapucero como típico en la serie.
En ese ir y venir, surgen propuestas para vender objetos, sacar rendimiento a lo que sea y montar proyectos con pinta de ruina, todo atravesado por la sensación de que cada decisión vuelve a empezar, como si el barrio estuviera atrapado en una pesadilla cómica.
Al mismo tiempo, el capítulo deja espacio para la comedia de pareja y el choque de roles, con una dinámica marcada por una “nueva personalidad” doméstica que genera tensión, celos, discusiones y decisiones impulsivas.
Todo suma para que el final de temporada tenga esa sensación de cierre grande, con varias bombas cómicas explotando a la vez, sin perder el foco: Antonio Recio creyéndose el protagonista de un fenómeno sobrenatural… y el resto intentando sobrevivir al día más insufrible de sus vidas.