La Promesa: Jacobo se marcha La Promesa 732 | RTVE Series
Spoiler: La despedida que deja el corazón en pausa
En este avance de La promesa, asistimos a una escena cargada de emociones contenidas, silencios incómodos y decisiones que no terminan de cerrarse. Todo comienza con un gesto aparentemente simple: preparar el equipaje y llevarlo hasta el automóvil. Sin embargo, ese detalle deja al descubierto una realidad mucho más profunda. Jacobo apenas lleva unas pocas cosas, lo que despierta de inmediato la inquietud de Martina. Ella había temido, tras su última conversación, que él se marchara definitivamente, llevándose todo y cerrando la puerta sin mirar atrás.
Jacobo admite que ese miedo tenía sentido. Reconoce que, en el calor del momento, fue demasiado tajante, demasiado duro en sus palabras. Pide perdón por haberse dejado arrastrar por la frustración y la confusión. Y entonces llega la pregunta clave, la que Martina necesita escuchar para poder respirar: ¿va a volver? La respuesta de Jacobo es clara, al menos en apariencia. Sí, volverá. No puede irse de forma precipitada de La Promesa, sobre todo cuando es él quien se encarga de la gestión de las tierras. Hay responsabilidades que no se abandonan de un día para otro.
Martina se muestra aliviada al saber que regresará, pero enseguida deja claro que el asunto de la finca es lo de menos. Lo que realmente pesa es lo que hay entre ellos. Jacobo confiesa que ha pasado la noche entera dando vueltas a su relación, sin poder conciliar el sueño. Martina lamenta que no haya descansado, aunque él le responde que eso no es lo importante. Lo esencial es si ha llegado o no a alguna conclusión.
Y ahí es donde la conversación se vuelve más dolorosa. Jacobo admite que sigue atrapado en la misma incertidumbre. No logra aclararse, ni hacia un lado ni hacia el otro. Por un momento, reconoce que le cuesta imaginar un futuro junto a Martina, pero al mismo tiempo se estremece solo con pensar que ella pueda alejarse de su vida. Esa contradicción lo mantiene paralizado. Nada ha cambiado realmente: siguen en el mismo punto, atrapados en un bucle emocional del que no saben cómo salir.
Martina agradece su sinceridad, aunque le duela. Fue ella quien se la pidió, y prefiere una verdad incómoda antes que una mentira tranquilizadora. Jacobo, sin embargo, confiesa que para él la situación se está volviendo insostenible. La tensión constante, la culpa y la indecisión lo están desgastando por dentro. Martina lo sabe y lo sufre en silencio. Se reprocha cada día no ser capaz de tomar una decisión clara, pero también cree que la distancia puede ser una oportunidad.
Ella plantea que esos días separados quizá les permitan desenredar el nudo que ahora mismo los asfixia. Jacobo duda, pero quiere confiar en que así sea. Aun así, no puede evitar expresar lo triste que resulta sentirse necesario solo cuando está lejos. Martina intenta explicarse mejor: no es que lo quiera fuera de su vida, sino que tenerlo cerca, cruzárselo por los pasillos, compartir las comidas diarias, le recuerda constantemente que lo está hiriendo con su indecisión. Y esa culpa no la deja avanzar.
Entre palabras entrecortadas, Martina reconoce que se está centrando demasiado en cómo se siente ella, cuando sabe que Jacobo lo está pasando incluso peor. Se disculpa por cargar con todo ese peso emocional, aun sabiendo que él sufre las consecuencias sin tener culpa alguna. Jacobo, conmovido, intenta aliviarla. Le asegura que es consciente de su dolor y que verla así le destroza por dentro cada día. No hay reproches, solo tristeza compartida.
Al final, Jacobo propone una especie de tregua emocional. Dice que rezará cada día para que esta separación les haga bien, para que sirva de algo y no sea solo un aplazamiento del sufrimiento. Acordan dejar el tema en pausa y retomarlo cuando él regrese. No hay promesas, no hay finales cerrados, solo un “ya hablaremos” cargado de incertidumbre.
La escena se despide con un gesto íntimo, una palabra cariñosa que suena a despedida temporal, pero también a súplica. La música envuelve el momento, subrayando que nada está resuelto. Jacobo se marcha sin irse del todo, y Martina se queda esperando respuestas que aún no existen.
Este spoiler deja claro que la relación entre Martina y Jacobo atraviesa uno de sus momentos más frágiles. No hay rupturas definitivas ni reconciliaciones claras, solo una pausa dolorosa que puede convertirse en salvación o en el principio del final. La distancia, en La promesa, no siempre cura… a veces solo aplaza la herida.